201912.04

Los Santos Mártires de Córdoba, la iglesia del Juramento y su devoción en el siglo XXI.

Los Santos Mártires de Córdoba, la iglesia del Juramento y su devoción en el siglo XXI.

Si algún tesoro tiene la Iglesia en nuestra provincia son sus Mártires. Mártires que viviendo en Córdoba, ciudad tan importante para la civilización occidental, se vieron en la tesitura de vivir oprimidos o morir en libertad. Aquellos testigos abrieron la senda para que los que hoy seguimos el signo de la Cruz podamos hacerlo en libertad y, aunque sus historias y épocas nos resulten tan lejanas, créase que nos afectan de lleno.

La iglesia del Juramento de San Rafael, verdadero pilar religioso de la ciudad -y en cambio tan desconocida para el pueblo-, guarda como verdadero tesoro decenas de elementos que aluden a los mártires cordobeses. La casa, propiedad absoluta del Ángel –que diría el recordado Rafael Monte, antiguo santero- no deja de ensalzar la memoria de los mártires de la ciudad en cada recoveco de su coqueta arquitectura. Es de justicia que junto a la Basílica de San Pedro, la parroquial del Sagrario y la ermita de los Mártires del Río, el Juramento centre las miradas de aquellos que deseen honrar a Acisclo, Eulogio, Flora, María y resto de sus compañeros.

Es bien conocida la historia del encuentro entre el sacerdote Andrés de las Roelas y los Cinco Caballeros. Más allá de las murallas, donde hoy la ciudad lo recuerda con el nomenclátor, los cinco jóvenes pidieron al presbítero que anunciase al Obispo la veracidad de aquellas reliquias halladas tres años antes en San Pedro –en 1575-, reconociendo que pertenecían a mártires locales. Roelas no actuó, por temor, recibiendo la visita de un nuevo ser que en repetidas ocasiones le encomendó el mismo encargo que los muchachos. Solo se avino el sacerdote cuando aquel juró su identidad: Rafael, el arcángel a quien Dios tiene puesto por guarda de Córdoba.

La memoria de los mártires cordobeses de época romana y musulmana había caído en la ciudad. En 1236, cuando se conquista por Fernando III, los vecinos que la repueblan vienen del norte peninsular con sus devociones y los mártires, en ningún caso, son recordados para titular alguna de las célebres parroquias fernandinas, como bien apuntó el Dr. Villar Movellán. A comienzos del siglo XVII hubo un repunte en su devoción. A mediados de esta centuria, y debido a un brote de peste, Córdoba se encomienda a San Rafael, con tal éxito que pronto se fundó una Cofradía y se construyó una ermita en su honor, germen del actual templo del Juramento. Junto a la Hermandad de los Santos Mártires, de San Pedro, que nunca cejó en el culto a aquellos testigos, la Cofradía de San Rafael pronto impulsó la recuperación de las reliquias cordobesas que habían partido al norte para su salvaguarda.

Desde Oviedo, Carrión de los Condes o Nájera fueron llegando reliquias de los santos Eulogio, Leocricia, Zoilo, Pelayo o Columba. El fervor que produjo su llegada al Juramento hizo que el templo en las décadas siguientes se llenase de obras artísticas en su recuerdo: el delicado lienzo de la Reina de los Mártires, los altares de Eulogio, Leocricia, Columba, Pelagio, Flora y María; las pinturas de mártires tan olvidados como Wulfurano o Argentea, Secundino o Domingo Sarraceno y, por supuesto, la presencia de Acisclo y Victoria como custodios del Custodio, así en la fachada como en el presbiterio.

Queda clara, por tanto, la importancia del Juramento en el culto a los Santos Mártires en la ciudad. Culto que a pesar de lo que pudiera pensarse, está en nuestros días más activo que nunca. La Hermandad de la Misericordia y Santos Mártires así lo cuida. La de la Buena Muerte, con su Reina de los Mártires, lo ensalza desde mediados del siglo XX. El seminario de la ciudad o la Fundación escolar que lleva su nombre a diario lo recuerda con su titularidad y Córdoba, en definitiva, vuelve a mirar sus Testigos.

Enrique Garrido Montero.