201712.21

Relatos de las ganadores del primer y tercer premio de Narrativa Escolar Mezquita-Catedral.

Fátima Hassane y Esperanza Bustos, han ganado el primer y tercer Premio de Narrativa Escolar, organizado por ABC y Cabildo Catedral de Córdoba

Para nosotros es un placer y un orgullo poder publicar los textos completos:

PRIMER PREMIO:  LA CÁMARA DE VECTIS - FÁTIMA HASSANE

El ruido de los trenes hacía ininteligibles para Simmon las palabras de Kira. La estación de Córdoba estaba abarrotada de turistas que no imaginaban el calor que les esperaba.              

Acababan de volver de Londres, donde ambos estudiaban arqueología. Los últimos días habían sido duros debido a la muerte de su profesor favorito, Aldric Leblanc, o -como ellos le llamaban- Leblanc, un profesor de arqueología entrado en años que pasó parte de su juventud en España.       

Solía andar siempre con prisas y atareado pero, cuando tenía un rato libre, no dudaba en tomarse un café con los dos estudiantes e ilustrarlos con leyendas de antiguos lugares perdidos.                                                                                                                                     

Desde la estación cogieron un taxi hacia la Judería. Allí, Kira tenía un gran ático que le proporcionaba el silencio que requerían sus estudios, y, lo que más le gustaba: desde su terraza se dominaba la Mezquita-Catedral.  Agradecía la compañía de Simmon. En aquellos momentos necesitaban a alguien en quien confiar.

Un rato más tarde ya recorrían las estrechas y bulliciosas calles de la Judería.  Pero no estaban allí por un viaje de placer sino por una empresa mucho más peligrosa de lo que imaginaban.

A decir verdad, la muerte de Leblanc no fue inesperada. Unas semanas antes del homicidio, Leblanc les contó algo sorprendente: alguien quería deshacerse de él.

Al parecer, durante su estancia en España comenzó a investigar una antigua leyenda, "La Cámara de Vectis". Cuentan que durante la ampliación de la Mezquita hecha por Almanzor se construyó una estancia en el subsuelo, en los restos de la antigua Basílica de San Vicente, que contenía una reliquia de incalculable valor. A esta cámara sólo se accedía mediante un pasadizo oculto en algún lugar del templo. Pero con el paso de los siglos se descartó su existencia.

Leblanc descubrió la ubicación del pasadizo pero alguien no quería que su hallazgo saliera a la luz para hacerse con la reliquia antes que él. El profesor confió a sus alumnos toda la información para que ellos continuaran su misión si a él le sucedía algo.

Así, cuando Leblanc fue asesinado, los dos amigos volaron a España tan rápido como pudieron.

Simmon y Kira se dirigían a la Mezquita-Catedral a toda prisa. Para su desgracia, dos personas ya los estaban siguiendo, pero el sagaz Simmon se percató de ello.

Corrieron desesperadamente hasta la Catedral y buscaron el sitio indicado por Leblanc. Parecía imposible que hubiera algo allí pero cuando se dieron por vencidos y apoyaron la espalda contra el muro, éste cedió y cayeron a otra estancia. Se incorporaron y el muro se cerró tras ellos.

Y allí estaban, atrapados en esa antigua mezquita que Kira tanto había visitado, con la diferencia de que ahora le parecía completamente distinta. Aquellos gruesos muros de piedra que llegaron a parecerle acogedores ahora le resultaban fríos y desconocidos. Los altos techos que desde pequeña había deseado alcanzar ahora eran escasamente más altos que ellos. En la penumbra pudieron distinguir un camino descendente, de suelo mucho más antiguo que el de la Mezquita ...

SEGUNDO PREMIO: UN PASEO SINGULAR POR LA MEZQUITA CATEDRAL DE CÓRDOBA - ESPERANZA BUSTOS

Despierto de un largo letargo en esta primitiva Catedral. Tras años de soledad y descanso, contemplo que todo sigue igual. Cómo sus fuertes columnas de mármol jaspe y granitocontinúan alzando esos majestuosos arcosde herradura y de medio punto rojizos y blanquecinos. Cómo sus coloridos mosaicos bizantinos deslumbran con la luz que se cuela por las mágicas vidrieras. Cómo ese poderoso mihrab mantiene su limpia mirada hacia el sur. Cómo en su aromático patio de naranjos,donde seesconden miles de secretos, continúa estando esa mágica fuente depositaria de miles de deseos. Cómo sus silenciosas paredes guardianas de miles de pensamientos siguen recogiendo plegarias.

Después de tantos años, observocómo el gentío continúa sobrecogiéndose anteesta sublime catedral, que amasa una historia capaz de trasladarte a ese mismo instante en el que Abderramán I mandó derrumbar lasagrada y cristiana basílica de San Vicente, para construir siglos más tarde la que se convertiría en la segunda catedral más grande del mundo, expresión máxima del arte islámico en España.

Continuando mi paseo, mis pies me llevan hasta el centro de esta morada, y observo su capilla mayor cubierta de un crucero gótico-renacentista, y me paro a descansar en la sillería barroca del coro. Desde aquí admiro las espléndidas capillas enclavadas en los muros, cautivándome, por el este,  los lienzos del  retablo de la capilla de la Natividad de Nuestra Señora;por el oeste, la pila bautismal de la capilla  de Nuestra Señora de la Concepción; por el  norte,  la representación de la Adoración de los Reyes Magos en la capilla de la Epifanía y  el Cristo Crucificado que preside la capilla de las Benditas Ánimas del Purgatorio; y por el sur, los querubines que custodian el sepulcro del Cardenal Salazar en la capilla de Santa Teresa.

Esta última mirada me hace recordar que debo visitar a mis amigos para que me acompañen en este aventurado paseo. Comienzo mi visita por la realeza. Alfonso XI de Castilla y Enrique de Castilla, ya acostumbrados al descanso eterno rechazan mi invitación. Al ilustrado escritor, el Inca Garcilaso de la Vega, lo encuentro entretenido en la lectura de los libros que sustrae de la espléndida biblioteca situada en la capilla del Sagrario, rechazando igualmente mi invitación. Ante tanta  desolación,  dirijo mis pasos hacia la capilla de San Bartolomé, donde sé que voy encontrar a mi querido Luis de Góngora, que como buen cordobés seguro está dispuesto a terminar conmigo este paseo. Y no me he equivocado. Juntos admiramos los tesoros que componen esta solariega y bendita morada nuestra. Rejas, azulejos,   pinturas y esculturas, relicarios, cálices y copones de oro y plata, pero, sin duda, la obra más significativa  es la Custodia del Corpus Christi, labrada por Enrique de Arfe.

Hasta aquí mi viaje. Me despido de vosotros, yo, José Antonio Infantes Florido, que fui Obispo de Córdoba desde 1978 hasta 1995.Vuelvo a mi descanso eterno, agradecido por haberme sido permitida esta vuelta al mundo de los vivos para disfrutar de esta maravillosa catedral en este año de 2107, doce años después de mi muerte.